Gobernanza de la inteligencia artificial: las reglas para transitar por el nuevo mundo tecnológico
La inteligencia artificial puede transformar nuestra sociedad, pero su desarrollo debe ir acompañado de reglas claras. La gobernanza de la IA establece los “semáforos” del nuevo mundo tecnológico: protección de datos, ética, transparencia, supervisión humana, responsabilidad, seguridad y cumplimiento. No se trata de detener la innovación, sino de garantizar que la tecnología avance con confianza, seguridad y al servicio del bienestar de todas las personas. La gobernanza de la IA es el conjunto de reglas que permite que la tecnología avance de forma segura, ética y responsable. Establece límites, define responsabilidades y protege a las personas, para que la innovación se convierta en bienestar y desarrollo para toda la sociedad.
ÉTICA Y GOBERNANZA
Joaquín Baena A. Miembro de la Cámara Colombiana de Inteligencia Artificial
9/1/20262 min leer


Gobernanza de la inteligencia artificial: las reglas para transitar por el nuevo mundo tecnológico
La inteligencia artificial está entrando rápidamente en casi todos los espacios de nuestra vida: la educación, la salud, los bancos, las empresas y las instituciones públicas. Puede ofrecernos enormes beneficios, pero también puede producir riesgos. Por eso necesitamos establecer unas reglas que orienten su utilización. A eso, de manera sencilla, podemos llamarlo gobernanza de la inteligencia artificial.
La mejor manera de entenderla puede ser comparándola con el tránsito de una ciudad. Los automóviles son extraordinariamente útiles, pero imaginemos una ciudad llena de vehículos donde no existieran semáforos, señales, límites de velocidad ni normas. El problema no serían los automóviles: sería la ausencia de reglas para utilizarlos.
Con la inteligencia artificial sucede algo parecido. La IA sería el vehículo y la gobernanza serían las reglas de tránsito. La gobernanza establece por dónde puede circular la tecnología, cuáles son sus límites, qué precauciones debemos tomar y quién responde cuando algo sale mal. No busca detener la tecnología, sino permitir que avance de manera segura y responsable.
Una de esas reglas tiene que ver con los datos personales. La inteligencia artificial puede trabajar con información médica, financiera, académica o laboral. La gobernanza debe establecer quién puede utilizar esos datos, para qué puede hacerlo, cómo deben protegerse y qué ocurre cuando alguien los utiliza indebidamente.
Otra regla fundamental es la ética. Una inteligencia artificial no debería discriminar a una persona por su edad, sexo, condición económica o cualquier otra característica. Tampoco deberíamos aceptar que una máquina tome determinadas decisiones importantes sobre las personas sin que exista responsabilidad y supervisión humana.
También necesitamos transparencia. Si una entidad utiliza inteligencia artificial para ayudarse a decidir sobre un crédito, una beca, un empleo o un servicio público, no debería esconderse detrás de la frase: “lo decidió el algoritmo”. Siempre debe existir una persona o una institución responsable de explicar y responder por la decisión.
Por eso la gobernanza de la IA reúne elementos muy concretos: protección de datos, ética, seguridad, transparencia, supervisión humana, responsabilidad y cumplimiento de las normas. Son, por decirlo de alguna manera, los semáforos, señales y límites de velocidad del nuevo mundo tecnológico.
La gobernanza, entonces, no pretende ponerle freno a la inteligencia artificial, sino enseñarnos a circular con ella. Queremos vehículos cada vez más rápidos y eficientes, pero también necesitamos mejores reglas para evitar accidentes. El gran desafío no consiste solamente en desarrollar una inteligencia artificial cada vez más poderosa, sino en construir una sociedad suficientemente responsable para saber cómo utilizarla.
